s una de las haciendas más conocidas por las personas que habitan en la ciudad de Chihuahua, construida a finales del siglo XIX y principios de XX en la época porfiriana, fue la Quinta Carolina.

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Anteriormente esta finca llevaba el nombre de “Labor de Trí­as” ya que estos terrenos pertenecieron al General íngel Trí­as, polí­tico chihuahuense y fiel amigo del entonces Gobernador José Joaquí­n Calvo.

En el año de 1867 murió el General Trí­as de tuberculosis pulmonar a la edad de 58 años, quedando la hacienda sin dueños, ni documentos, ni fotografí­as que comprueben el nombre del propietario.

Así­ el 12 de febrero de 1895 quedó establecido en los libros del Registro Público de la Propiedad un contrato de compra-venta entre el Licenciado Juan Francisco Molinar, quien representaba a Luis Terrazas, y el licenciado Manuel Prieto, quien representaba a Victorina  y Teresa Trí­as, hijas del General Trí­as, que se realizó en la notarí­a pública del licenciado Rómulo Jaurrieta.

Al año siguiente 1896 Don Luis Terrazas le obsequia a su esposa Carolina Cuilty un sorprendente regalo para celebrar el Dí­a de las Carolinas; una hermosa casona de campo construida en el mismo espacio que perteneció al General Trí­as en la Labor de Trí­as.  Esta grandiosa casona quedó bautizada con grandes letras elaboradas con cantera como “La Quinta Carolina”, esta hacienda, tuvo gran importancia para la sociedad de Chihuahua para iniciar grandes proyectos de urbanización,  ya que la ciudad contarí­a con un área campestre suburbana, y muchos capitalistas empezaron a construir lo que ahora es la avenida Nombre de Dios.

Tiene cuatro entradas las cuales se hayan rodeadas por una inmensa reja color blanco, los jardines decorados con hermosas flores que brindan al visitante un hermoso panorama, entre los diversos patios  se encuentran tres quioscos que le permitirán a las personas una mejor vista del área  y de la hacienda.

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En la casa se localizan dos miradores y una cúpula de cristal en la parte central de la residencia, los pasillos pintados de color salmón que te permiten acceder al segundo piso subiendo una hermosa escalera de piedra pavimentadas con mosaicos.

Para lograr acceder al área principal debes  recorrer un pasillo decorado por estatuas hasta llegar al hermoso salón, adornado con algunos focos y un enorme piano de cola que antes utilizaban los dueños de la casona para amenizar sus reuniones.

Luego encontramos al comedor que tiene hermosas vitrinas donde están ubicadas las vajillas. En otra de las salas se encuentra el despacho del ex dueño de la Quinta donde se pueden observar documentos antiguos y su viejo escritorio.

Al seguir recorriendo la casona, nos topamos con la recamara principal, el baño y posteriormente las demás habitaciones.

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En el exterior de la hacienda se observan diversos establecimientos  como lo fueron: la cochera, establos, la casa del mayordomo, una capilla y un aljibe. Esta residencia también contaba con una escuela y como se habí­a mencionado se construyeron a los alrededores  diferentes casas para las personas que trabajaban en la hacienda, su principal producción económica era el área agropecuaria.

Hoy en dí­a, la Quinta Carolina es visitada por diversas personas que vienen de paseo por nuestra hermosa ciudad, lugar que sin duda alguna a dejado deleitados a sus visitantes por su magnifico diseño arquitectónico.

También, en esa Quinta, últimamente los jóvenes han decidido usar estas instalaciones para tomarse fotografí­as y utilizar de fondo la casa, los jardines y las ruinas que se encuentran en todo el lugar.

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