“La decisión fue por el problema de conectividad que tienen y que no recibían el contenido académico igual que el resto de los estudiantes. Eso me motiva a venir”, dijo la maestra Graciela Bouche, en Panamá.

Si los trabajadores médicos han sido los héroes en la pandemia de COVID-19, los profesores también merecen un reconocimiento por su esfuerzo para mantener a los jóvenes y niños educados, a pesar de las dificultades.

Los educadores suelen ser profesionales motivados por un gran convicción de lo que hacen, porque entienden la importancia que tiene su labor en la sociedad. Y muchos de ellos hacen hasta lo imposible para seguir impartiendo clases.

Un ejemplo claro de este sacrifico es esta docente de las zonas rurales de Panamá, quien debe hacer un recorrido en canoa por el río Chagres, que conecta con el Canal de Panamá, para poder llegar hasta los alumnos.

Graciela Bouche, en medio de la pandemia, debe darle clases a los niños indígenas, que no cuentan con equipo ni conexión para asistir a la educación en línea. Es un trayecto de 15 minutos hasta llegar al puerto de los Ella Puru, de la etnia emberá.

“La decisión fue por el problema de conectividad que ellos tienen y que no estaban recibiendo el contenido académico igual que el resto de los estudiantes. Eso me motiva a venir y a acercarme a ellos a darles clase semipresencial”, dijo Bouche a AFP.


Entre sus pertenencia lleva una laptop, una pizarra y comida, para también ayudar a los estudiantes con su alimentación. Debido al cierre de la escuela Omar Torrijo, en la provincia de Panamá por la crisis sanitaria, esta docente creyó que lo mejor era ir ella misma hasta los alumnos.

“Por el teléfono a veces aquí se va la señal, o no hay data o no tengo tarjeta con que conectar al niño, y como son páginas web se hace difícil entrar”, dijo Evelyn Cabrera, secretaria de la comunidad Ella Puru, cuyo hijo cursa primer grado.

Mientras, Johnson Menguizama, un padre de 50 años de esta localidad comentó que “la conectividad fue muy difícil, y es difícil para nosotros como indígenas, principalmente”.
Graciela va una vez por semana y reúne a 30 alumnos en un anfiteatro, para impartir su cátedra. Estando ahí, se conecta por videollamada con la profesora Urania, para que ella de la clase de matemáticas, además de su propia lección.

“La experiencia ha sido buena, porque no cualquiera hace el esfuerzo. La travesía es un poquito larga y peligrosa. Pero ella lo hace por el cariño a los niños y estamos aquí para apoyar a la maestra“, comentó Evelyn.

La comunidad espera que, luego de la pandemia, los problemas de educación y transporte sean tomados en cuenta.

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