La investigación sobre la vida en América tiene un alto grado de complejidad porque puede cambiar el rumbo de la historia.

La Cueva del Chiquihuite es uno de los lugares mexicanos en donde se están llevando a cabo diversas investigaciones que revelarían la ocupación de humanos desde hace 33 mil años y donde habrían permanecido en la cueva cerca de 20 mil años, de acuerdo con datos de la revista Nature.

 

La cueva está ubicada a 2 740 m sobre el nivel del mar, en las montañas Astillero, en el norte de Zacatecas. La antigüedad de estos objetos halladoz, entre los que están 1 900 herramientas de piedra tallada, datan de 15 mil años antes de cualquier vestigio encontrado previamente, según una publicación del diario mexicano La Jornada.

“Nuestras investigaciones aportan nuevas pruebas sobre la antigüedad de la presencia de humanos en las Américas”, dijo a AFP Ciprian Ardelen, uno de los líderes de los estudios realizados en el lugar y arqueólogo de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Los estudios también indican que lo más probable es que los humanos de esa época usaran el lugar de forma estacional.

Estos vestigios podrían cambiar nuestro conocimiento sobre los primeros pobladores de América. Pero más de diez años de investigación, un equipo internacional no han podido llegar a un consenso, pero las excavaciones corroboran evidencias culturales en América durante el Último Máximo Glacial, que se produjo hace entre 26,500 y 19,000 años y retroceden en el tiempo, “posiblemente entre 33,000 y 31,000 años”, las fechas en que los humanos se dispersaron por la región.

El Último Máximo Glacial marca el punto en el que enormes placas de hielo cubrieron tierra firme y el mar estaba 120 metros por debajo de su nivel actual.  La hipótesis predominante plantea que las primeras migraciones humanas al continente americano aprovecharon el puente natural formado en el estrecho de Bering, hace aproximadamente 13,500 años, y que continuaron hacia el sur tras el deshielo de los glaciares en Norteamérica.

Pero esta hipótesis ha sido desafiada por descubrimientos como el que presentó, en 1997, el arqueólogo Tom Dillehay, de la Universidad de Vanderbil, que evidenció presencia humana en Monte Verde, al sur de Chile, cuando menos hace 14,500 años, lo que podría extenderse a más de 18,000 años.

Los arqueólogos han excavado tres metros de profundidad en la cueva, observando múltiples capas estratigráficas, que indican diferentes edades para los objetos encontrados. De todos los artefactos encontrados, la idea que sostendría la hipótesis es que la piedra de las puntas de lanza y las cuchillas fueron creadas por manos humanas, y llevadas a la cueva desde otra parte, porque ese tipo de piedra no existe naturalmente en la cueva.

Los huesos de animales, fragmentos de carbón y restos de plantas, indicaron que el ambiente próximo a la cueva que hoy seco y árido, en el pasado debió ser más verde y húmedo, rodeado por lagos o manantiales y con vegetación de pinos y abetos. Para determinar la edad de los objetos se enviaron muestras a Estados Unidos, al Reino Unido y al Laboratorio Nacional de Espectrometría de Masas con Aceleradores (LEMA) del Instituto de Física.

Aunque se demostró que los objetos de piedra fueron llevados a la cueva, algunos expertos cuestionan si en realidad son artefactos humanos, o si pudieron crearse por procesos geológicos naturales. Dillehay comentó para National Geography que le extrañaba la aparente falta de evolución tecnológica en estos artefactos, que sólo muestran cambios menores en el curso de un milenio. En comparación, las herramientas encontradas en Monte Verde presentan cambios notables. Sin embargo, admite que podrían ser un antecedente de otras puntas, halladas en el centro de México.

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