La Ciudad de México rebosa de leyendas y mitos urbanos; uno de sus personajes más icónicos es La Planchada, un fantasma que deambula por el Centro México.

 

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Mientras estás bien guardadito y protegido en tu casa, puedes leer las historias más escalofriantes de la CDMX sin correr el riesgo de encontrar a sus icónicos personajes, como «La Planchada».

La Ciudad de México, con todos sus siglos de historia y sus millones de habitantes, es un gran caldo de cultivo para las leyendas urbanas y los personajes míticos que aterrorizan a los ciudadanos. Seguramente has escuchado de muchos de ellos: en colonias, en el metro, escuelas, bosques y hospitales. Una de las más famosas, sin duda, es «La Planchada», una enfermera del Centro Médico que falleció por mal de amores y ahora ronda sus pasillos y deja acontecimientos insólitos a su paso. Sin más, el texto íntegro de esta singular leyenda:

«Eulalia era una chica guapa, rubia y de ojos claros que siempre demostró gran profesionalismo y diligencia. Profesaba una dedicación que a veces iba más allá del mero deber. Además, su apariencia era impecable: siempre muy limpia y con el uniforme blanco perfectamente planchado y almidonado.

Como es costumbre en los hospitales, un nuevo médico, llamado Joaquín, ingresó al cuerpo de personal del Centro México, donde ella trabajaba. Cuando Eulalia lo conoció, quedó prendida de sus encantos y, a partir de ese momento, no descansó hasta conquistarlo y hacerlo su novio, a pesar de fuertes rumores respecto a las costumbres que tenía Joaquín de coquetear con otras enfermeras.

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Imagen de: wikimexico.com

Sin hacer caso de los consejos y el qué dirán, Eulalia se sentía la mujer más dichosa del mundo. Después de un tiempo, el médico le pidió matrimonio. Sin embargo, antes de la boda, Joaquín partió a un seminario de 15 días, prometiéndole que, a su regreso, se casarían de inmediato.

A los pocos días su partida, un enfermero se acercó a Eulalia para confesarle algo que ya todos sabían: que el doctor renunció a su cargo y que en realidad había partido de luna de miel con su esposa de verdad. Sin embargo, ella siempre lo esperó, presa de una fascinación y amor venenosos, que la fueron corrompiendo poco a poco.

A partir de esta decepción amorosa, Eulalia jamás volvió a ser la misma. Malhumorada y llena de amargura, atendía con desprecio e indiferencia a los enfermos, al grado de cometer negligencias. Con el paso de los años, también cayó enferma, lo que le sirvió para arrepentirse del mal trato que por décadas les dio a los pacientes. En lo profundo de su soledad, la reflexión le ablandó el corazón; se arrepintió de haber sido tan mal enfermera y falleció con el profundo anhelo de enmendar de alguna forma sus errores (otra versión dice que se suicidó por aquel desamor).

Tras la muerte de Eulalia, surgieron cientos de testimonios de gente hospitalizada quien dijo haber sido atendida por una mujer con las características inconfundibles de Eulalia, La Planchada. Personal del hospital también decía haberla visto entrar o salir de la habitación de un paciente. Algunos de ellos incluso afirmaban que Eulalia los despertaba de sus siestas, con un leve roce de sus fantasmagóricas manos en el hombro de los infortunados.

De esta manera, la leyenda de La Planchada pasó a ser parte del folclor de la Ciudad de México. Sin embargo, esta historia de una enfermera de ultratumba que atiende a los enfermos y vaga por las habitaciones de hospitales se repite en otros lugares del país, e incluso del mundo. Pareciera que La Planchada viaja a través del tiempo y el espacio, lo cual no hace sino engrandecer su estatus mítico.»

 

Tomado de WikiMéxico, “Leyenda de La Planchada”.

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